
CON LA LECHE CARE
VIVIMOS A LO RICO
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Es la escuela de niños Jesús María Yepes, en la Granada de los años 60. Ahí, cerquita de los sanitarios, que era una zanja que pasaba por todos los cuarticos y donde se debía tener mucha puntería en cuclillas, estaba el sitio para el fogón, que no era otra cosa que una ramada de zinc y pedazos de Eternit debajo del gran eucalipto, en el lado oriental de la escuela.
Mientras los alumnos entonaban el “Esclarece la aurora el bello cielo, otro día de vida oh, Dios, nos das; gracias a vos, creador del universo…Oh Padre nuestro que en el cielo estás…” En tanto que las señoritas Blancaura, Clarencia, Blanca Castaño y Rosalba Tamayo J, preparaban el homenaje a la bandera…” Mientras el maestro Francisco Aristizábal Chócolo advertía a los muchachos, que los letreros de los carros de la crema dental Colgate no eran una invitación a agarrarse o colgarse de ellos. Mientras don José Claudio Herrera animaba a los alumnos con su grito de “viva la fiesta del marrano.” Mientras todo esto y más sucedía, (Te acordás, hombre Rodrigo Pistiador?) estábamos los de mejores pulmones de cada salón, soplando el fogón, para poner a hervir el agua y para hacer la leche para todos los alumnos de cada grupo de la escuela.
Porque es que, al fin y al cabo, hacer la leche, era todo un rito: Los niños debíamos de llevar leña y galoncitos, portacomidas o canequitas, para recibir la leche Care, donada por The People of the United States. Esta, a la par con el queso amarillo y la harina era traída en un programa que el presidente John F. Kennedy denominó Alianza Para El Progreso y del cual, valga la verdad, se disfrutó hasta la saciedad.
Volvamos pues, a la leche…
Cuando el agua estaba hirviendo, se le echaba la leche en polvo y se revolvía con un palo o mecedor y, cuando se había mezclado aparentemente, comenzaba la repartición, la cual se dañaba, la mayoría de las veces, ya que los más avispados, mandaban su vasija a la olla, “pañando” o recogiendo la leche más encimaíta los apetecidos troncos de leche, quedando, para los demás, solo un líquido azuloso con cierto sabor a leche.
Eso no se veían sino, niños corriendo por los arados y por el Predio de la escuela, llevando los tarraos de troncos para la casa; Pero, a pesar de este aparente vandalismo, era tantísima la cantidad y calidad de la leche que pa’ todos había.
Y fue que la leche llegó en el momento oportuno; porque con el monocultivo era tal la carencia vitamínica en el pueblo, porque aquí no ha habido ricos muy ricos, que la media pucha de leche que a duras penas se compraba, era para el niño de la casa; pero, si acaso éste amanecía como maluquito y no quería tomar, se repartía entre los hermanos menores.
El huevo entero, era solo para quien cumplía años.
En fin, una época de pobreza y en la cual llegó la leche Care, para alegrar los lombricientos estómagos de niños y mayores.
Después de tomar la leche, llegaba la calma. Era ella, una especie de sopor, producido por la llenura y por el aire viciado de vitamina olorosa que, a no dudarlo, tenía la leche. ¡Pobres maestros, todo el santo día aguantando esas revolturas de leche y coles!
Así, pues, la leche Care nos hizo felices por mucho tiempo y varios, inclusive, le deben la vida, porque los salvó del raquitismo que diezmaba a la población del Tercer Mundo y que amenazaba también a los, antes, niños de Granada.
Glosario:
-Pucha: En Granada, medida de líquido equivalente a 750 centímetros cúbicos.
-Maluquito: Algo enfermo, pero no mucho.
-Lmbricientos: Llenos de lombrices, ascárides, solitaria en sus estómagos.
-Raquítico: Dicho de una persona muy delgada y débil.
CARE: Es una de las organizaciones de ayuda humanitaria más grandes y antiguas enfocada en combatir la pobreza global. Estos paquetes contenían alimentos básicos como enlatado de carnes, leche en polvo, fruta seca y grasas. CARE se involucró en 1961 con el establecimiento del Presidente John F. Kennedy del Cuerpo de Paz que luego serían enviados a proyectos de desarrollo en Colombia…

José Carlos
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Acumular durante años en su memoria historias, consejas, anécdotas, dichos y apodos para luego contarlas en un lenguaje sencillo, amable y humorístico fue una tarea que se impuso José Carlos Tamayo Giraldo hace más de 25 años para acrecentar el amor de sus paisanos hacia su pueblo, Granada.